El diseño gráfico y la impresión son oficios con sus reglas, normas y procedimientos. ¡Incluso hay gente que estudia para dedicarse a ello profesionalmente! Si eres fan de la «filosofía Ikea» o, armado de un destornillador, te atreves a desmontar el motor de tu coche para «ver qué es ese ruidito», seguramente estarás diseñando los flyers del pub de tu primo o el catálogo de la epresa. ¡Enhorabuena!, yo también destripé el calentador eléctrico antes de llamar a un fontanero (sí, siempre hay un profesional para solucionar nuestros desaguisados). Si a pesar de todo no te das por aludido, échale un vistazo a este texto. Tu impresor te lo agradecerá.
Dividimos este post en dos apartados. Uno dedicado al diseño y otro a la preimpresión. ¿por qué? Porque son cosas diferentes. Naturalmente el diseño también tiene sus normas, aunque para gustos colores. Todos hemos visto originales para echarse las manos a la cabeza y, para qué nos vamos a engañar, nos han hecho muchísima gracia (somos así de frikis). Así que investiga, disfruta y aterrorízanos. De momento aquí tienes el primero, dedicado a la preimpresión.
Sí, pensarás que se repite un poco el post «como entregar un correctamente un original a la imprenta», pero te aseguro que nunca se insistirá lo suficiente en estos puntos.
El diseño gráfico y la impresión son oficios con sus reglas, normas y procedimientos. ¡Incluso hay gente que estudia para dedicarse a ello profesionalmente! Si eres fan de la «filosofía Ikea» o, armado de un destornillador, te atreves a desmontar el motor de tu coche para «ver qué es ese ruidito», seguramente estarás diseñando los flyers del pub de tu primo o el catálogo de la empresa. ¡Enhorabuena!, yo también destripé el calentador eléctrico antes de llamar a un fontanero (sí, siempre hay un profesional para solucionar nuestros desaguisados). Si a pesar de todo no te das por aludido, échale un vistazo a este texto. Tu impresor te lo agradecerá.
Dividimos este post en dos apartados. Uno dedicado al diseño y otro a la preimpresión. ¿por qué? Porque son cosas diferentes. Naturalmente el diseño también tiene sus normas, aunque para gustos colores. Todos hemos visto originales para echarse las manos a la cabeza y, para qué nos vamos a engañar, nos han hecho muchísima gracia (somos así de frikis). Así que investiga, disfruta y aterrorízanos. De momento aquí tienes el primero, dedicado a la preimpresión.
Sí, pensarás que se repite un poco el post «como entregar un correctamente un original a la imprenta», pero te aseguro que nunca se insistirá lo suficiente en estos puntos.
«¿Tamaño, resolución, formato?
Yo soy más de letras…»
Sí, nosotros también, pero es importante saber que las cosas suelen tener un tamaño, y que éste es importante, al menos para imprimir. Se miden en centímetros y milímetros a este lado del Atlántico. Si quieres, los puedes medir en pulgadas, pero mídelas, porfa. En cuanto a la resolución, se mide en píxels por centímetro (ppc) o, más habitualmente, por pulgada (ppp). Aquí han ganado los anglosajones.
Si a estas alturas ya te vas liando, no te preocupes. Debes saber es que el único valor que debes tener en cuenta es el tamaño en píxels. El tamaño en centímetros y la resolución son relativos entre sí pero el tamaño en píxels es un valor absoluto. Por ejemplo, una imagen de 10 x 10 metros a una resolución de 1 píxel por centímetro equivale a la misma imagen de de 10 x 10 centímetros a una resolución de 100 píxels por centímetro: ambas tienen una resolución absoluta de 1000 x 1000 píxels. ¿Y a qué tamaño se puede imprimir en papel? la regla básica es que se necesitan unos 120 píxels por centímetro (o 300 por pulgada) para poder imprimir con la calidad suficiente. ¿A qué tamaño podría imprimirse la forografía del ejemplo? 1000/120 = 8,33 cm. Una impresión en A4 necesitaría un archivo de 2520 x 3600 píxels.
Respecto del formato, puedes utilizar el que te dé la gana dentro de las posibilidades técnicas de la imprenta, pero existen unos formatos estándar y que es muy conveniente utilizar, por ejemplo si vas a publicar una revista o catálogo (para ahorrar papel, por el plegado y grapado automático, corte, etc.) o si vas a imprimir invitaciones (para que corresponda al tamaño del sobre). Existen multitud de tamaños estándar de papel así que si no estás pensando en un diseño especialmente original y extravagante, utilizar uno de ellos es la mejor forma de ahorrar tiempo, dinero y aprovechar el papel. Eso sí, recuerda que si le envías un original cuadrado, el impresor no lo podrá imprimir «en A4».
«Está claro, no?»
Aunque el impresor conozca su oficio posiblemente no pueda adivinar lo que quieres. Una buena forma de evitar malentendidos es adjuntar un texto junto al original indicando todos los detalles del encargo: Tamaño (formato), cantidad, tipo de impresión (1 tinta, a todo color, a una o dos caras, impreso «a sangre» o con margen blanco, el tipo de papel o cartulina, tipo, color y talla en caso de impresión de camisetas, etc.) y cualquier otra información que a priori te parezca superflua. Puede que lo hayáis hablado por teléfono, puede que le hayas informado de algún detalle por e-mail, algunas de estas informaciones están incluidas teóricamente en el original (o deberían estarlo si se ha entregado correctamente, por ejemplo el tamaño y corte) pero aun así no está de más reseñar toda la información del trabajo en un texto de resumen. Esto te ayudará a repasar todos los detalles del encargo y revisar tu original antes de enviarlo. No revisar las características técnicas de los originales y la corrección del texto es la fuente de la mayoría de los errores cometidos.
Sí, ya sabemos que las imprentas online no requieren este tipo de información añadida (aunque algunas piden on archivo .jpg de comprobación). Solo imprimirán lo que les hayas enviado esté como esté (algunas te cobrarán un extra por la revisión), por lo que más vale que les envíes un original revisado y correcto ya que habrás pagado el trabajo por adelantado. Y suelen llamarte en caso de duda.
«Los diez formatos se resumen en dos, ¿no?:
.doc para textos y .jpg para imágenes
De todos los formatos de archivo posibles, estos dos son los menos indicados. Los archivos .doc (el estándar del «dios» Microsoft), y los archivos .jpg (el estándar de los archivos de imagen de mapa de bits) son los más inapropiados para la impresión.
Los archivos .doc son problemáticos donde los haya. Tanto es así que muchas imprentas no los consideran siquiera originales. La opción es exportarlos a .pdf pero ¡cuidado! debes realizar una serie de pasos, como la incrustación o el trazado de tipografías, la configuración de la calidad/compresión de imágenes de la exportación, la compatibilidad entre versiones, etc. por lo que te recomendamos que si no dominas estos pasos le pidas al impresor que te permita enviarle el archivo .doc original y realice él mismo la exportación. No es su competencia pero posiblemente acepte para ahorrarse futuros problemas con el original que, no lo dudes, ¡aparecerán! Eso sí, asegúrate de que la imprenta trabaja con Microsoft Word y no con NeoOffice u OpenOffice (código libre) porque no son 100% compatibles con Microsoft Word (ya se encarga Bill Gates de ello). Si no es así exporta tú mismo a .pdf y alea jacta est (en román paladín, «Que Dios nos pille confesados«). La buena noticia es que nosotros si ofrecemos este servicio a nuestros clientes.
Los archivos .jpg con la máxima calidad (la mínima compresión) solo son adecuados si no llevan texto pequeño. Los archivos .jpg contienen imágenes en mapa de bits (no vectoriales) en una sola capa, por lo que logotipos y textos están «rasterizados» (convertidos en píxels). Al rasterizarse se pierde la posiblidad de edición (modificar el texto) pero sobre todo pierden nitidez y definición: los contornos son menos nítidos, se vuelven borrosos o pixelados y no son escalables (cuanto más se amplían, más borrosos y pixelados se ven). Además, al fundirse en una sola capa, ya no se pueden mover ni modificar.
La mejor opción y que recomiendan muchos impresores es enviar un .pdf con el texto trazado (o incrustado si tienes los conocimientos suficientes). Aun así, en ese caso debes tener el teléfono a mano.
La opción de último recurso es enviar el original en el programa en que se elaboró, en su formato nativo, añadiendo dos carpetas con los archivos empleados: una con las fuentes tipográficas y otra con los archivos de imagen utilizados.
«¡La letra que puse era una superflower-chachi y me han puesto letra de palo!».
Aunque esto aún ocurre a veces, ya no es frecuente. Y piensa que mejor es una letra de palo que la Comic Sans. Hace un tiempo, cuando el equipo del impresor no disponía de alguna fuente utilizada en el original, el postscript lo convertía automáticamente a una fuente de sistema (generalmente Courier). Las soluciones, de más a menos recomendable, son:
- Incrusta la tipografía (y si el programa lo contempla, también las imágenes).
- Convierte el texto en trazado.
- Envía el archivo original y una carpeta con las fuentes tipográficas utilizadas.
«Qué colores más feos han salido, ¡con lo bien que lo veía en mi pantalla!»
¿Te salío borroso o pixelado? ¿No son los colores que esperabas? ¿La imprenta se ha llevado el último dígito de tu teléfono en el corte? Si te ocurre cualqueira de estas cosas, repasa el post anterior: Como entregar correctamente un original para la imprenta.
Y recuerda: si tienes cualquier duda estaremos encantados de ayudarte.